Del drama a la comedia, sin dejar el romanticismo y la pasión de lado, del bueno de las cosas.
Pat (Bradley Cooper) vive atormentado por la infidelidad de su mujer, Nick. Todo se trunca un día, cuando él -un joven profesor de historia- regresa a su casa. Sube las escaleras mientras escucha la melodía que sonó el día su boda. Abre la puerta del baño y descubre el torso desnudo de su mujer. Pat se excita y desea compartir ese momento, pero descubre dentro de la bañera otro cuerpo, el de un hombre.
Se lanza contra él, desea matarle. Es la agresión que le llevó al psiquiátrico. Es la primera escena del film, nominado a 8 óscars y 3 Bafta.
En su internado tratan de sosegar su ira y le diagnostican su bipolaridad. Tras el tiempo legal deja de ser un ´preso´del psiquiátrico y vuelve a vivir con sus padres, Robert de Niro y Jacki Weaver, con un objetivo obsesivo: recuperar a su mujer.
Su mente trata de sostener el andamiaje del equilibrio con la lectura y el footing. Y tropieza con una mujer excéntrica, original, de mirada intrigante y curvas delgadas difíciles de olvidar.
Jennifer Lawrence es Tiffany, una chica joven trastornada por la muerte de su marido, con quien Pat entabla una amistad que irá progresando hacia un sentimiento más profundo. En ese intervalo Pat tiene delirios de amor, arranques de furia contenida y verborrea incomprensible que delatan este drama y lo configuran en la clave de comedia.
Jennifer Lawrence es Tiffany, una chica joven trastornada por la muerte de su marido, con quien Pat entabla una amistad que irá progresando hacia un sentimiento más profundo. En ese intervalo Pat tiene delirios de amor, arranques de furia contenida y verborrea incomprensible que delatan este drama y lo configuran en la clave de comedia.
Lo que empezaba siendo una historia reflexiva y existencialista, de análisis del psique, se desvía a una trama ´vulgar´de amor roto o más bien destrozado, desesperado, agobiado y deprimido. Ahí aparece ´Excelsior´, la palabra mágica que pronunciada resuena en su raciocinio y explota su neurona negativa, dejando volar la imaginación, la creatividad, la sonrisa, la positividad...el lado bueno de las cosas.
Los tópicos amables, románticos, las miradas furtivas y el beso casi bajo la lluvia colorean este cuento de final americano. Su previsibilidad y sabor dulzón resulta empalagoso, por lo que se duda del mérito a tantas nominaciones. El lado bueno de las cosas consigue aprobar por su mensaje positivo en tiempos de crisis, mas no deslumbra ni el guión ni en la interpretación de sus figuras visibles.
Su director, David O. Russell, se sirve del realismo como en ´The Fighter´, sin embargo decepciona al untarlo de patetismo y adornarlo con escenas comunes de bailes y reencuentros esperados.