Soñaba con gozar de un descanso, cansada de aguantar por currar y despertó con su anhelada petición. Su adorable boss le entregó una carta en la que le comunicaba su lamentable decisión: "debo prescindir de ti, pues la situación económica es grave y sé que eres a quien menos perjudico, eres inteligente, tienes recursos y otros intereses". Ella se limitó a escuchar, leer el escrito y temblorosa se negó a firmarlo: "debo asesorarme antes de aceptar esta cantidad". Una sonrisa, un apretón en la mano cordial y un simple hasta luego cerraron el día.
Era media tarde, hacía calor, no recuerda nada más. De la calma tensa del despacho pasó a temblarle el pulso, el pálpito se aceleraba y explotó a llorar.
Uno, dos, tres y hasta siete días sin poder dormir... le angustiaba desconocer el motivo real del despido, pues también le dijo que no era nada personal, que tenía las puertas de la empresa abiertas para lo que necesitara.
Los interrogantes se han disipado y ahora disfruta de su ansiado tiempo. Sonríe mientras piensa "algunos viejos se aferran al sillón y yo a gozar de mi anticipada jubilación". Es cierto, es desempleada, mas no está disgustada, más bien se siente afortunada y por supuesto liberada. Empieza una aventura en la que protagoniza su historia de futuro, dos años por delante en que la marca su pauta, su ritmo, su destino.