
Una yonqui de los sentimientos y una yonqui de los recuerdos -en los cuerpos de Bibi Andersen y Loles León- en busca de la felicidad nos invitan a reir y disfrutar de noventa minutos sobre la butaca. Las carcajadas y aplausos son inevitables, como imposible no identificarse en algún momento con sus "causas perdidas": una amistad dañada -aunque no totalmente perdida-, un intento de suicidio por una pasión decepcionada, un fracaso laboral.... túneles sociales que desembocan en una gran depresión. El reencuentro de dos amigas de mediana edad que tienen tantas cosas en común como diferencias, algunas tan visibles como las más evidentes: belleza escandalosamente envidiable como la de Bibi frente a la exagerada ironía, comprensión y elocuencia de Loles, nos evocan a una etapa nostálgica por el tiempo perdido en amistad e invertido en un mal amor. El reencuentro es fruto de la necesidad de contar, hablar y recuperarse. Bibi y Loles se ponen al día de sus vidas, encauzadas por dos caminos paralelos durante ocho años y con reproches, pasión y ternura lo retoman. Una actuación soberbia la de dos mujeres que utilizan la palabra y el contorneo de sus cuerpos para atrapar los cinco sentidos del público. Nos rendimos a sus pies... no lo podemos evitar. Nos quedamos con las ganas de continuar la velada más allá del escenario.