domingo, 5 de mayo de 2013

Castellón purulento en el mes de las flores

Hace sol, brilla intensamente, pero mis vecinos no tienen luz en sus miradas. El ambiente está caldeado. Uno de cada tres no puede trabajar, no le dejan. La ciudad está desierta, la gente no pasea, no sonríe. Recorres el centro y observas comercios cerrados, enormes pancartas anuncian en sus escaparates ´se traspasa´, ´se alquila´.  Decides reposar, te sientas en una terraza en la plaza Santa Clara y observas. Algunos se sientan y toman un café, un cortado (1,10€, 1,20€) y no se mueven de allí en dos horas. Es el retrato de un día cualquiera de 2013. Somos humanos, mas nos sentimos números. Un 26 de abril leemos en el periódico Mediterráneo: "La Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del 2013 refleja el peor dato de la historia: 93.500 desempleados en Castellón y una tasa de paro del 31,94%. Casi cinco puntos por encima de la media estatal (27,16% y ya se supera la barrera de los 6.202.700 parados) y tres más que la de la Comunitat (el 29,19% y 727.500 parados)".

Sentimos nostalgia de aquellos años en los que presumíamos de ser la única provincia española en tener cero desempleo. Corría el año 2007, concretamente el 16 de abril y los diarios valencianos destacaban entre sus noticias el ´prodigio de las comarcas del norte de la Comunidad´: "La Generalitat recordó ayer que el 64% de los municipios de la Comunidad en situación de pleno empleo, es decir con una tasa de paro inferior al 5,5%. Aunque este indicador todavía está lejos en la media global -sobre el 8%- y en los núcleos más poblados, de los 542 municipios que tiene la región, 347 gozan de la condición de pleno empleo.
El objetivo del Consell es alcanzar dicha situación en 2010 para el conjunto regional. Mientras, la provincia de Castellón se sitúa como referente, ya que sus ocho comarcas se encuentran en situación de pleno empleo." (ABC)
Seis años después tenemos un aeropuerto, pero no vuelan aviones. Nos prometieron 7.000 puestos de trabajo en esta infraestructura durante su primer año y medio de funcionamiento. Una realidad imaginaria, directamente una mentira. 
Nos hicieron vivir de ilusiones y ahora, unos años después, nos falta el aire para respirar. Asfixiados y ahogados están las 7.500 familias embargadas desde 2007. Y es que la provincia de Castellón va a un ritmo de 30 desahucios al mes. Los datos son escalofriantes y las ´expulsiones del propio hogar van ´ín crecendo´: Las cifras del Poder Judicial reflejan el drama de 6.681 familias que han perdido su casa en los últimos cuatro años en la provincia de Castellón, de las 8.455 que han recibido una orden de desalojo; en total un 80%. Son datos que reflejan un drama social que ha ido incrementándose sin piedad desde el 2008, cuando se materializaban 329 de las 1.042 órdenes de desalojo. Apenas dos años más tarde, en el 2010, ya se habían triplicado. Y en 2012 se dispararon hasta 3.000. Según avanza la crisis, el número de casos va en aumento.

El desaliento y la agonía va minando cualquier atisbo de esperanza. Buscamos la sonrisa de un niño para sentirnos ingenuos, inocentes e ignorantes. Queremos olvidarnos de este infierno. Algunos se refugian en prozac o tranquimazin, otros en las redes sociales (principalmente en facebook), los más valientes salen a gritar a la calle y los otros ... han huido, se han exiliado al extranjero. En tres años más de 20.000 jóvenes castellonenses se han ido al extranjero a buscar trabajo. No es una aventura, como dijo la ministra de empleo, Fátima Báñez. Es el exilio forzoso. La tasa de desempleo en la franja de edad 20-34 años alcanza el 60%. Juventud sin presente y tal vez sin futuro tampoco.

Exiliados muy preparados, formados son echados sin rubor, mientras gobernantes imputados pasean por las calles de forma serena. No dimiten, se sienten dioses en este infierno. Ya son mil los cargos públicos (desde alcaldes a ministros) investigados por los jueces españoles. Hoy precisamente el periódico The New York Times dedica  parte de su portada y un extenso artículo a la corrupción en España. Es la marca de un país en quiebra económica y moral. La corrupción en España. The New York Times

El último caso de corrupción, el del alcalde de Castellón, Alfonso Bataller. Él lo niega, no deja la trona. Un reinado que le cedió Alberto Fabra, hoy presidente de la Generalitat Valenciana. Los ciudadanos de Castellón nunca entendimos por qué Bataller. Iba en el quinto puesto y el salto de Fabra a Valencia le encumbró al primero en la capital de la Plana.
Ahora, con su implicación en el caso Gürtel, huele mal, demasiado.Tolerancia cero en corrupción de Fabra hace aguas
 En el mes de las flores, el aroma del azahar no se percibe. Mayo purulento.