domingo, 9 de septiembre de 2012

Nostalgia de la Belle Époque benicense





El antaño glamuroso y próspero de Benicàssim se intuye en un paseo de poco más de 10 minutos que iniciamos en la Torre de San Vicente. El Torréón es más conocido hoy por sus playas con banderas azules que por su vigía de piedra del siglo XVI, testigo discreto de las fiestas y fantasías de la 'burguesía valenciana' del siglo pasado.


El rumor del oleaje, el olor a sal y el azul del Mediterráneo cautivan al visitante, atraído por el sol de este pedazo del Levante español.
Descansan sobre una arena ardiente, suave y de color beis o sobre hamacas de madera blanca bajo una sombrilla de paja y refrescan su sed en pequeños chiringuitos a modo de barracones. Descubren -de repente- en la parte opuesta al mar, una hilera de villas de grandes dimensiones, de arquitectura modernista, con almenas unas, con pequeñas torres otras, de colores claros todas y con jardines ricos en palmeras.

El 'Biarritz valenciano' lo conforman 51 villas construídas entre 1880 y 1940 para el disfrute veraniego de las familias de alta alcurnia valenciana. La magia de la bahía del Almadrava y del Voramar sedujo y cautivó a las ricas fortunas valencianas, quienes pusieron nombre de mujer a muchas de sus mansiones: villa Victoria, villa Amparo, villa Paquita, villa María, villa Elisa (propiedad municipal desde 1982).

La tradición conserva sus apodos :'El Infierno', ' El limbo' y 'La corte celestial'. El primero corresponde al área de las villas donde se celebraban reuniones y fiestas a las que acudían personalidades de renombre, burgueses importantes de Castellón y Valencia y artistas.
'La corte celestial' era la parte tranquila, la zona de casas más austeras y recatadas. 'El limbo' era la frontera de jardines que separaba ambas partes.

Paseando por la ruta de las villas el visitante evoca un tiempo pasado mejor, de damas y caballeros elegantes, de apuesto porte. 
La Belle Époque ha caducado y huele a rancio. En este siglo de más sombras que luces (solo nos queda el radiante y sofocante sol del Mediterráneo) echamos la vista atrás en el tiempo y recordamos con nostalgia nuestro antepasado glorioso y permanecemos inmóviles ante la belleza degradada de las ancianas mansiones. Unas parecen morir entre la naturaleza que las rodea, otras claman a los gobernantes para que las mimen, las restauren y no las ahoguen a impuestos. En tres días (7-9 de septiembre de 2012) hemos sido testigos de un esplendor perdido, del que nos lamentamos unos y otros exponen a modo de mercadillo. Los nostálgicos siguen pensando que el pasado siempre fue mejor, lloran las glorias de la antigüedad. Al otro lado nos quedamos quienes admiramos la historia, mas decidimos no echar marcha atrás ni para coger impulso.