Tenemos la sangre de horchata, no hay huevos, esclavos de Merkel... son algunas de las quejas de los críticos a la política económica europea. No es para menos, cada día despertamos con una humillación. Ayer el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, se despedía de la prensa, se va de vacaciones a su tierra natal y nos deja un mensaje: el gobierno decidirá si pide el rescate en cuanto conozca las condiciones del Banco Central Europeo. Cataluña, la Comunidad Valenciana y Murcia ya se han arrodillado para suplicar financiación. No hay dinero para pagar la deuda –asciende a 70 millones- a centro concertados: hospitales, centros educativos y residencias de la tercera edad, caso de Cataluña; tampoco hay euros en la Comunidad Valenciana para pagar las medicinas que dispensan las farmacias-la deuda suma los 80 millones- ni para mantener las residencias de discapacitados, que han encontrado en los encierros la única arma para dar a conocer su situación de emergencia –la Generalitat les debe 10 millones-. No es de extrañar que la Valenciana haya sido la primera en solicitar el rescate al gobierno de Rajoy. La R se ha convertido en la clave de la solución para algunos: Rescate, Rajoy, Recortes. En tierras de Levante ya se han anunciado despidos –en forma de EREs masivos- en varias administraciones públicas: la Ciudad de las artes y las ciencias de Valencia se quedará con la mitad del personal y RTVV pasará de 1700 trabajadores a 400.
Firmeza subjetiva
No le tiembla el pulso al ejecutivo de Alberto Fabra (presidente valenciano) para tomar decisiones contundentes, con tal de llegar al objetivo de déficit marcado por Rajoy, mas la ciudadanía echa de menos la misma valentía para frenar otros grandes gastos: Aeropuerto de Castellón, el hazmerreir de toda la nación. Se inauguró hace dos años sin aviones y sigue igual. Mientras tanto, la consellera de Turismo, Lola Johnson, no da fecha de funcionamiento de la infraestructura ´vital’ para el desarrollo y progreso del sector, además el gerente de Aerocas sigue cobrando más de 80.000€ anuales, aunque no cumple sus objetivos y el gran impulsor Carlos Fabra, el imputado por múltiples delitos (cohecho, tráfico de influencias y delito fiscal) se permite homenaje en estas instalaciones (hogar ocupado por conejos) con una enorme estatua diseñada por el castellonense Joan Ripollés. Su coste inicial: 300.000€, después de la colocación, con un sobrecoste de 127.000€. 20 metros de figura, o ‘símbolo de la ruina´ como tituló el diario The New York Times.
La resignada ciudadanía aguanta el bochorno y se resigna al insulto de los de fuera y dentro. Die Welt, diario alemán, nos llama vagos, indisciplinados y se queja de pagar los desmanes del Sur europeo: http://www.welt.de/debatte/henryk-m-broder/article108470738/Nordeuropa-arbeitet-und-zahlt-fuer-den-Sueden.html
Los ´hermanos germanos’ no celebran, en cambio, los beneficios del desastre español:
Según publica el diario germano Bild, durante los últimos 30 meses Alemania se ha ahorrado 60.000 millones de euros en los costes de financiación. Es decir, que mientras España se desangra y pasa a pagar en el último año de un 3,9% por su financiación a un escandaloso 7,5% en los últimos días.
Los intereses germanos han llegado a reducirse a la mitad, marcando niveles jamás vistos en 1,16%, el pasado mes de julio. Una situación que explica el ahorro de 60.000 millones. A esta cantidad hay que añadir una cifra de entre 70.000 y 100.000 millones por la mayor recaudación tributaria, fruto de una actividad económica que fluye en tasas positivas, no como la de España.
Deslenguados voceros
La cuarta R, de representantes, no están a la altura de las circunstancias y liberan su ineficacia escupiendo improperios e insultos. El último, el del diputado popular y vicepresidente de la Diputación de Castellón, quien se ha referido a los discapacitados como “los del carrito” para defender y argumentar los recortes en la ley de Dependencia, criticada por los socialistas. El popular Barrachina ha encontrado en el insulto su mejor defensa: “aquellos que ustedes ahora acompañan con los carritos [en las manifestaciones]”. “A esos, a los que ustedes hace un año y medio ya les recortaban, ahora los sacan con el carrito”.
La R se ha convertido en la letra del alfabeto español más difícil de pronunciar. Nos recuerda a Recortes, a Rescate y a Rajoy, nuestro representante y a quien cuesta pronunciarle debidamente.