Rozando los cincuenta Shirley Valentine abre los ojos. Es una mujer presa de su familia. Su vida transcurre en una casa en la que convive más con las paredes que con su marido. A ellas les cuenta sus anhelos, sus deseos, sus sueños…. Con frases como:”verdad, pared?” sonsaca más de una sonrisa al espectador, al tiempo que le hace consciente de su soledad y drama humano.
Joe, su marido, no aparece nunca en escena, pero nos lo imaginamos, gracias a la descripción que realiza Verónica Forqué, en su papel de Shirley Valentine. Es machista, egoísta y conformista. Lo primero porque trata a la pobre Shirley como si fuera su criada. Debe tener el plato de la cena encima de la mesa nada más entra por la puerta, pues llega de trabajar. Llega cansado y no piensa que ella puede que también. No tiene más ambiciones que trabajar y tener a su mujer en casa, pues los hijos ya se marcharon a ‘living their own life’. Rober es un ocupa a las afueras de Liverpool y un extraño poeta que rima sus versos con mofas. La hija, Milandra, se marchó de casa para vivir de fiesta en fiesta con su amiga Jennifer. Shirley es la única de la familia que no vive en libertad.
El drama de Shirley lo transforma en comedia la actriz Verónica Forqué con frases y comentarios pícaros, cercanos al chiste “el seso es como las rebajas, muchos empujones, mucho sudar, pero luego lo que te llevas no es para tanto”.
Pero todo cambia a partir de un regalo de su amiga Joana. Es feminista y convence a Shirley para que viaje con ella a Grecia. Le entrega el pasaje de avión y le pide que le acompañe, que abandone su rutina durante dos semanas y disfrute de su aventura.
La isla de Santorini descubre no sólo un paisaje de fábula, sino a su Cristóbal Colón, el hombre que le abre la puerta a su nueva vida: libre y de satisfacción personal. Se trata de Costas, un griego divertido, “mujeriego pero buena persona”, según Shirley. Con su arte para amar le hace sentir mujer y quererse así misma. Se redescubre y decide iniciar una nueva vida, lejos de su marido e hijos.
La vieja Grecia es el paraíso de la nueva Shirley Valentine. El sol del mediterráneo marchita la fría y triste vida de la ama de casa e ilumina su nueva ruta.
