Cierro los ojos y sigues conmigo.
El mensaje de la obsesión, de una pasión que
sigue viva, sin la misma respuesta. Al otro lado la calma le delata. Surge la
sospecha, la desconfianza, el amor se torna amargo. Y lo que fue ya no volverá.
Cuando no basta un adiós, cuando el miedo
estruja la garganta, cuando el roce es
esquivo y el beso ahoga…. el alivio va más allá de la venganza.
Unas gotas de veneno en una copa de vino se
llevan el cuerpo, mas no su alma. Cierro los ojos y sigues conmigo. Como una
sombra invisible que atormenta sus últimas horas; ocho, en concreto. Es el
tiempo de la trama, de un revenge que
comenzó con un accidente. La muerte conduce a muerte. La pasión al odio. El
tiempo no curó las heridas, no borró la memoria.
Del presente al pasado reconstruimos dos
historias. Dos constantes: nostalgia y rencor. El ambiente es gris, como el
motor de “El cuerpo”.
La banda sonora, los efectos de la lluvia y la
mirada intensa y penetrante -en primer plano- del veterano José Coronado edulcoran
este film digno de algún palmarés. Belén Rueda, “El cuerpo”, cierra los ojos,
pero sigue contigo. Atrapa, intriga, seduce y sorprende.
