Líder político y espiritual en el Castellón del siglo XXI, Carlos Fabra Carreras nos recuerda a personajes de la historia medieval de este país, cuando los árabes gobernaban a su antojo. Le suelen llamar Don Carlos, por miedo más que respeto. Tras sus gafas oscuras (perdió un ojo cuando era niño) nadie vislumbra donde se dirigen sus miradas, pero vista tiene, vaya si la tiene.
Mamó la política desde la cuna y desarrolló olfato para el juego. Es un famoso cliente de bingos y casinos en la zona del Levante (Monte Picayo) y afortunado en loterías, según él mismo ha confesado, aunque los malpensados o confiados más en el arte de la Probabilidad matemática que de su suerte, sospechan de un posible blanqueo y compra de décimos premiados a sus conciudadanos. La Fiscalía Anticorrupción le viene investigando desde hace casi una década por presunto fraude fiscal, por irregularidades en movimientos de dinero desde 1999 a 2004.
Sus inseparables gafas ocuras ayudan a su imagen 'siniestra y mafiosa', pero no es por estética, es un tuerto.
Es popular, de tradición política y familiar. Es la quinta generación que preside la Diputación provincial de Castellón. De casta le viene al galgo: hereda apellido y con él una institución (1995-2011).
En agosto cumplirá 66 años, una edad madura, en su caso poco tranquila. 2012 será un año duro en su carrera política, pues se sentará en el banquillo de los acusados de la Audiencia provincial de Castellón, acusado de fraude fiscal, tráfico de influencias y cohecho. Su jefe, Mariano Rajoy, le tildó hace 4 años de "ciudadano ejemplar", aunque es ejemplo de enriquecimiento rápido, así como de dudosa ética, pues ha combinado y compatibilizado su todopoderosa presidencia de la institución PÚBLICA provincial con varios negocios: despacho de abogados, correduría de seguros y consultoría de empresas. Y precisamente estos negocios le valieron la denuncia de uno de sus "ex-amigos y socio", el empresario Vicente Vilar.
Estos supuestos tráficos de influencias se extienden a otras empresas que se beneficiaron de la adjudicación de contratos con la administración pública de Castellón. En este entramado de pagos presuntamente delictivos aparecen firmas del sector cerámico, como Cottocer (del grupo Pamesa) - ingresó 200.000€ a la empresa Camarcas, cuya administración única ocupa Carlos Fabra.
Vicente Vilar le acusó de cobrar elevadas comisiones por interceder ante el ministerio de Agricultura para conseguir la certificación de los productos fitosanitarios de su empresa. Los acólitos de Fabra se mofaban en pequeñas e íntimas reuniones aduciendo su denuncia a un "ataque de cuernos" y es que la ex-esposa de Vilar, 'le era infliel con un joven deportista'. El culebrón amoroso acabó en la cárcel, pues la señora denunció por maltrato y violación al celoso marido y empresario Vicente Vilar.
El amor queda reservado a Carlos Fabra Carreras. Su partido le apoya y confía en su inocencia ciegamente. Sus miembros más destacados reiteran su fé hacia su 'buenhacer'. Su lealtad hacia su líder recuerda a Nitzche "la religión es el opio del pueblo". Don Carlos es su religión y opio y su lema: Pasión por Castellón, mas sus enemigos se aventuran a presagiar una depresión alimentada por la corrupción.
Quien fuera su delfín y vicepresidente en la Diputación primero y luego conseller de justicia y vicepresidente del gobierno valenciano, Victor Campos, abandonó la política activa tras reconocer haber recibido trajes de la trama Gürtel a cambio de beneficiar a las empresas de la trama, es decir cohecho. Todo hace pensar que el siguiente punto de mira en la investigación se dirigirá hacia el otrora vicepresidente de Fabra y que continua en el cargo bajo las órdenes de Javier Moliner, presidente de la Diputación provincial de Castellón. Francisco Martinez Capdevila, alcalde de Vilanova d´Alcolea (donde se ubica el aeropuerto sin aviones) proviene de una familia humilde y ahora su patrimonio es millonario. Es un señor terrateniente en el pueblo que gobierna. Su rápido enriquecimiento es un interrogante con algunas exclamaciones. El tiempo dirá. Mientras tanto Martínez Capdevila -conocido también con el apodo de hermano del Karino- contempla y venera, satisfecho, desde su mansión de la Vall d´Alba la estatua en honor al aeropuerto promovido por Carlos Fabra. Dos hombres crecidos en la política como carne y uña. Muchas horas de vuelo juntos, como gaviotas sobre el mar.