A media mañana, cuando más pica el sol, harto del hogar, Giuseppe, Marco, Antonio y Federicci se reúnen en la piazza Federico Di Svevia y juegan a las cartas. Al poco le rodean otros vecinos de su quinta y entre cigarros, cervezas y chistes pasan una agradable tarde. Es territorio masculino. Es normal, es costumbre, como una tradición, me dicen. Es su espacio, como el de la mujer es estar en casa con los hijos. Lo cuenta con tanta afabilidad y ternura Marco que esta turista llega a olvidar este comentario machista.
Me viene a la mente la canción de Presuntos implicados ´Cómo hemos cambiado´. Ellos jugando a las cartas, alrededor de una mesa vieja y los más jóvenes enfrente de una pantalla de ordenador conversando vía facebook, twitter, tuenti... Cuando les pregunto por las redes sociales me miran con cara de asombro, como si fuera de otro planeta y luego se ríen y achacan su ignorancia a un problema de lenguaje, de traducción a su lengua.
Ahora quien hace una mueca que disimula la sonrisa soy yo.
No necesitan las nuevas tecnologías, ni las quieren. Les resulta más divertido reunirse en la calle, verse a los ojos, darse una palmada en la espalda...Es más, tienen mono si no lo hacen, me cuenta Antonio.
Esta plaza de Catania es un bonito rincón con historia, la del 'stupor mundi ´(pasmo del mundo), sobrenombre del rey de Sicilia, Federico II de Svevia. Fue un adelantado, excéntrico, un anticristo para el papado de la época y ahora apenas recordado,ni admirado y para nada imitado si ponemos el foco de luz en la escena del retrato.
Parece que el tiempo se detuvo en el pasado glorioso del Sacro imperio romano. Las calles empedradas, grises, edificios más que viejos, ennegrecidos de la lluvia de polvo del volcán Etna, el más grande de Europa, hacen de Catania un lugar de obligado paso en el recorrido por Sicilia, una arquitectura también olvidada, mal conservada, aunque de riqueza incalculable. El presente es el retrato del pasado. Es un retrato de la caduca Sicilia.